Por qué el sistema rechaza tantas licencias médicas de salud mental

Equipo Clínico API Chile 3 de octubre, 2026

En marzo de 2025, un análisis de fallos judiciales publicado por El Desconcierto encontró algo que mucha gente ya sospechaba. Cuando un tribunal chileno revisa el rechazo de una licencia médica y decide revertirlo, los dos argumentos que más se repiten son la falta de evaluación real del caso y la falta de fundamentos en la resolución de la COMPIN.

Quedó registrado así en las sentencias que revisó ese reportaje. Y en las licencias por salud mental, donde el diagnóstico no se puede fotografiar como una fractura, ese patrón pesa más que en cualquier otra causa.

Las cifras oficiales lo confirman: las licencias de salud mental son las más numerosas del país y, a la vez, de las que más se rechazan.

Lo que dicen las cifras

Según el informe anual de la SUSESO, en 2025 se emitieron 7.016.470 licencias médicas, y el 30,9 % fueron por trastornos mentales. Es la primera causa, por lejos. Ese mismo año se rechazó el 6,9 % de todas las licencias.

Pero ese promedio esconde diferencias grandes. En 2024, las licencias por trastornos mentales tuvieron estas tasas de rechazo, según datos de la SUSESO difundidos por Radio Universidad de Chile:

27,9 %
de rechazo en licencias de salud mental en Isapre
SUSESO, 2024
11,5 %
de rechazo en licencias de salud mental en Fonasa
SUSESO, 2024
6,9 %
de rechazo para todas las licencias del país
SUSESO, 2025

Para comparar con justicia: si se miran todas las licencias, en 2024 las Isapres rechazaron en primera instancia el 23,6 % y Fonasa el 7,2 %. Las Isapres son más estrictas en general, y con la salud mental la brecha se mantiene.

Una aclaración importante, porque estas cifras se citan mal seguido: el 27,9 % y el 11,5 % se refieren a licencias de salud mental en un año, y no a la probabilidad de que tu licencia en particular sea rechazada. Cada caso depende de cómo esté fundamentado.

Lo que dicen los tribunales cuando revierten un rechazo

Cuando alguien apela y gana, casi nunca es porque el juez decida que la persona no estaba enferma. Es porque la resolución que rechazó la licencia no explicaba por qué. Un rechazo así suele repetir una fórmula genérica, sin entrar en el caso concreto: los antecedentes clínicos, la evolución del cuadro, el tratamiento que ya se estaba siguiendo.

Eso deja a la persona en una posición absurda. Tiene una licencia firmada por su psiquiatra o médico tratante, y del otro lado un papel que dice «rechazada» sin argumentar en qué se equivocó quien la evaluó en persona. La carga de la prueba termina sobre quien menos herramientas tiene para producirla mientras está pasando por una crisis.

Muchos rechazos se revierten por falta de fundamento de la propia resolución, y no porque la persona estuviera sana.

Por qué importa quién firma la licencia

Otro punto que se repite en las apelaciones es la especialidad de quien evaluó a la persona. Cuando una licencia por salud mental la extiende un médico general, sin formación específica en psiquiatría, es más probable que la contraloría la cuestione o la rebaje, aunque el diagnóstico sea real.

Un médico general puede detectar perfectamente una crisis de salud mental. La diferencia está en el peso técnico que el sistema le asigna al revisar: un informe respaldado por un especialista, con antecedentes desarrollados, resiste mejor que un diagnóstico de una línea. Esa diferencia explica buena parte de por qué casos parecidos terminan con resultados distintos.

Cuando revisamos licencias de salud mental que fueron rechazadas, lo que más se repite es la ausencia de alguno de estos elementos:

Síntomas concretos, más allá del nombre del diagnóstico.
Evolución del cuadro: desde cuándo, cómo ha cambiado, qué lo empeora.
Tratamiento en curso: qué se indicó y cómo ha respondido la persona.
Impacto en el trabajo: por qué hoy no puede cumplir con sus funciones.
Justificación de los días: por qué ese plazo de reposo, y no otro.

Un sistema pensado para el volumen

Chile emite millones de licencias al año, y la salud mental concentra casi un tercio. Ese volumen exige un sistema de revisión rápido, y lo rápido y lo cuidadoso no siempre conviven bien.

Mientras más casos tiene que revisar un mismo equipo en el mismo tiempo, más se apoya en criterios generales y menos en el detalle de cada historia. No hace falta suponer mala fe para entenderlo. El diseño del sistema no separa lo urgente de lo complejo, y la salud mental suele ser las dos cosas a la vez.

Lo que exige una Isapre y lo que revisa la COMPIN

Una persona puede pasar por los dos filtros en un mismo proceso sin que nadie le explique la diferencia. Si está en una Isapre y reclama un rechazo, quien revisa ese reclamo es la COMPIN. Y cada uno mira cosas distintas:

Contraloría de la Isapre
Suele cuestionar la duración: argumenta que el reposo «excede» lo que el diagnóstico necesitaría, según su propio criterio.
COMPIN
Revisa si el documento cumple los requisitos y si el cuadro quedó bien fundamentado con antecedentes clínicos.

El criterio de la Isapre rara vez se explica con el mismo nivel de detalle clínico que se le exige a quien emitió la licencia. Por eso, en el reclamo, lo que más ayuda es un respaldo que responda en el mismo lenguaje técnico por qué ese reposo es necesario.

Pagan justos por pecadores

Hay un factor más reciente. Tras los escándalos de licencias falsas de 2024 y 2025, el sistema se volvió más estricto. La Ley 21.746, publicada en mayo de 2025, exigió a los médicos titulados desde 2009 aprobar el EUNACOM para poder seguir emitiendo licencias, y la SUSESO pasó de 1.019 investigaciones a médicos emisores en 2024 a 2.324 en 2025.

Ese control era necesario. Pero tiene un efecto que se habla poco: cuando el sistema mira con más sospecha, también revisa con más dureza a quienes están enfermos de verdad. En 2025 se emitieron más de un millón de licencias menos que el año anterior, y las de salud mental cayeron un 17,3 %. Es imposible saber cuántas de esas licencias que no se emitieron correspondían a personas que sí las necesitaban.

La brecha real detrás de un rechazo

Cuando alguien apela, repetir que se siente mal ayuda poco. Lo que cambia el resultado es un respaldo clínico completo: antecedentes, evolución del cuadro y una evaluación que explique con seriedad técnica por qué ese reposo es necesario, en el mismo lenguaje que después va a leer un comité o un tribunal.

Ese vacío, entre lo que una persona siente y lo que el sistema exige que quede por escrito, es la brecha detrás de muchos rechazos. Se cierra con un informe que traduzca el malestar a términos que el sistema efectivamente revise.

Si te rechazaron una licencia, en nuestra guía sobre el proceso completo cuando rechazan tu licencia médica encontrarás todas las rutas y plazos. Y si necesitas ese respaldo, en API Chile preparamos el informe psicológico para apelar ante la COMPIN o la SUSESO.

Fuentes consultadas

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