La dependencia emocional con las mascotas es más común de lo que se habla

Es común escuchar frases como «mi perro es mi mejor amigo» o «sin mi gata no sé qué haría», dichas casi como una broma cariñosa. Muchas veces son exactamente eso. Pero a veces, detrás de esas frases, hay una dependencia emocional que pocas veces se nombra, porque socialmente está aceptada de una forma en que otras dependencias no lo están.
Nadie cuestiona que alguien organice su día entero alrededor de su mascota, que cancele planes porque «no puede dejarla sola» o que sienta una angustia intensa cada vez que se separa de ella unas horas. Con una pareja o un amigo, esas mismas conductas encenderían una alerta. Con una mascota, se leen como devoción.
Por qué está tan normalizado
En Chile, la Primera Encuesta Nacional de Tenencia Responsable de la Subdere (2021) encontró que el 99,7 % de los tutores considera a su mascota un miembro más de la familia. Es un vínculo muy valorado, y eso es bueno. Pero también hace que cueste ver cuándo algo dejó de estar bien. Hay al menos tres razones:
Qué dice la psicología del apego
Los investigadores Sigal Zilcha-Mano, Mario Mikulincer y Phillip Shaver han estudiado la relación con las mascotas desde la teoría del apego. Su planteamiento es que las mascotas pueden cumplir funciones de refugio y base segura, y que la forma en que cada persona se vincula con ellas refleja en parte cómo se vincula en general: con más ansiedad, con más distancia o con más seguridad.
Esto ayuda a entender la dependencia. Una persona con mucha ansiedad en sus vínculos puede encontrar en su mascota una cercanía que con otras personas le resulta difícil o amenazante. El alivio es real, pero si se vuelve la única fuente de seguridad, la ansiedad de fondo no se trabaja.
El vínculo también afecta al animal. Un estudio publicado en PLOS ONE en 2015 (Konok y colaboradores), con más de 1.500 tutores, encontró que el estilo de apego del dueño se relacionaba con la aparición de problemas de separación en sus perros. La relación funciona en ambos sentidos.
La diferencia está en la flexibilidad
Un vínculo sano con una mascota convive con el resto de la vida: amistades, trabajo, planes, descanso. Una dependencia, en cambio, empieza a organizar esa vida alrededor del animal, hasta el punto de sacrificar otras fuentes de apoyo para mantener la cercanía intacta.
Nombrar esto no le quita valor al vínculo, que sigue siendo una fuente legítima y profunda de contención. Solo ayuda a distinguir cuándo suma a la vida de la persona y cuándo se ha convertido en la única pieza que la sostiene.
Preguntas para mirarte con honestidad
No son un diagnóstico, pero pueden ayudarte a darte cuenta de cómo está tu vínculo:
Si respondiste que sí a varias, no significa que tu cariño esté mal. Puede ser una señal de que estás cargando mucho sola o solo, y de que mereces más apoyo del que hoy tienes.
Ampliar el apoyo sin quitarle nada al vínculo
Trabajar una dependencia emocional no significa alejarse del animal. Significa sumar: retomar de a poco el contacto con otras personas, encontrar otras formas de calmarse y, si hace falta, empezar una terapia que aborde la ansiedad o la soledad que hay de fondo.
Hay dos guías relacionadas que pueden servirte: cuándo una mascota realmente cumple un rol de apoyo emocional y cuándo poner un límite, y por qué el vínculo con una mascota puede doler y sanar como el de una familia. Si quieres conversarlo con alguien, en API Chile podemos acompañarte en terapia.
Fuentes consultadas
- Zilcha-Mano, Mikulincer y Shaver (2011). Pet in the therapy room: an attachment perspective on animal-assisted therapy. Attachment & Human Development
- Konok et al. (2015). Influence of owners’ attachment style and personality on their dogs’ separation-related disorder. PLOS ONE
- Subdere, Primera Encuesta Nacional de Tenencia Responsable de Mascotas (2021), vía T13

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