Qué necesita cambiar en Chile para que la salud mental se tome en serio en las licencias médicas

El sistema de licencias médicas en Chile está atravesando el mayor ajuste regulatorio de los últimos años, en gran parte como respuesta a un fraude real y masivo. La pregunta que queda abierta es si ese ajuste logra proteger a quien está enfermo, o si solo endurece el filtro para todos por igual.
Lo que ya cambió
Desde este año, un médico titulado después de abril de 2009 necesita haber aprobado el examen único nacional de habilitación (EUNACOM) para poder emitir licencias médicas, salvo que ya sea especialista certificado. Tampoco se permite que un profesional emita licencias mientras él mismo está con una vigente, ni que se autoemita una. Son controles que antes no existían, y que ya se reportan asociados a una baja en el volumen total de licencias emitidas.
Lo que todavía no cambia
Un informe de la Dirección de Presupuestos mostró que de casi 29 mil funcionarios públicos investigados por mal uso de licencias, solo el 1% terminó destituido. Los controles de entrada se endurecieron, pero la sanción real al fraude comprobado sigue siendo lenta y, en la práctica, casi excepcional.
Esa asimetría es el problema de fondo. Endurecer la revisión sin endurecer también la sanción al fraude real termina castigando más a quien pide un reposo legítimo, que suele ceder ante la primera exigencia adicional, que a quien construyó un negocio completo alrededor de licencias falsas.
El desequilibrio de fondo: institución versus persona
Detrás de esta discusión hay una asimetría más simple: cuando una institución se equivoca, el costo se diluye entre miles de casos y meses de procesos internos. Cuando una persona queda mal evaluada, el costo lo paga sola, de inmediato, muchas veces sin sueldo y sin certeza de cuándo se resuelve.
Cualquier reforma que no reduzca esa asimetría, aunque agregue más controles y más exámenes, sigue dejando a la persona individual como la parte más expuesta del sistema.
Lo que falta discutir
La salud mental es, según cifras oficiales, la primera causa de licencias médicas en Chile. Mientras siga existiendo esa desconfianza estructural hacia un diagnóstico que no se puede confirmar con un examen físico, el peso de demostrarlo seguirá cayendo sobre la persona, no sobre el sistema que debería tener las herramientas para distinguir un caso real de uno fraudulento sin necesitar que cada paciente cargue con esa prueba.
Un sistema más justo no es uno con más exigencias para todos por igual. Es uno capaz de distinguir mejor, con las mismas herramientas de análisis de datos que ya usa para detectar fraude, entre quien miente y quien simplemente está enfermo de algo que no se ve.

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