Cómo las mascotas leen nuestras emociones (y qué tan parecido es a como nos leemos entre humanos)

Cuando un perro te mira fijo a los ojos, algo medible pasa en el cuerpo de ambos. Un equipo de investigadores japoneses, liderado por Miho Nagasawa, publicó en 2015 en la revista Science un experimento donde midió los niveles de oxitocina en perros y sus dueños antes y después de pasar 30 minutos juntos en una sala.
Los pares que sostuvieron la mirada por más tiempo mostraron un alza mayor de oxitocina en ambos, comparados con los pares que se miraron poco. Y el aumento en el dueño estaba relacionado con cuánto tiempo el perro lo había mirado a los ojos. Es la misma hormona que participa en el vínculo entre una madre y su bebé.
Ese estudio es una puerta de entrada. En la última década, la investigación sobre cómo los animales leen nuestras emociones creció mucho, y lo que muestra es bastante más concreto de lo que solemos imaginar: tu mascota usa tu cara, tu voz y hasta tu olor para saber cómo estás.
Un circuito que no se repite igual en cualquier animal
Lo interesante del estudio de Nagasawa es que el mismo experimento con lobos criados por humanos no mostró ese efecto. La mirada sostenida como gatillo de oxitocina parece haberse desarrollado con la domesticación del perro, como un rasgo propio de esa convivencia larga con las personas.
Hay más pistas en la misma dirección. En 2019, un estudio publicado en PNAS (Kaminski y colaboradores) encontró que los perros tienen un músculo sobre el ojo que les permite levantar la parte interna de la ceja, el gesto que conocemos como «cara de pena». Los lobos casi no lo tienen. Ese gesto hace que los ojos se vean más grandes y despierta en nosotros ganas de cuidar.
Dicho de otra forma, miles de años de vida compartida parecen haber seleccionado perros que nos miran y nos hablan con la cara, y personas que responden a esa mirada.
Los cuatro canales por los que te lee tu mascota
Las personas leemos las emociones de los demás sobre todo por la cara y el tono de voz, y completamos con el contexto. Los perros y los gatos usan varios de esos mismos canales, más uno que a nosotros casi se nos escapa: el olfato.
Ninguno de estos canales funciona solo. Un estudio de 2016 en Biology Letters (Albuquerque y colaboradores) mostró que los perros miran más una cara cuya emoción coincide con la voz que escuchan al mismo tiempo, alegre con alegre, enojada con enojada. Es decir, juntan la información de la vista y del oído, algo que hasta hace poco se pensaba casi exclusivo de los primates.
¿Y los gatos?
Los gatos tienen fama de indiferentes, y la ciencia los ha estudiado menos, en parte porque cuesta mucho más que colaboren en un laboratorio. Pero lo que se sabe va en la misma dirección.
En 2020, un estudio de Animal Cognition (Quaranta y colaboradores) encontró que los gatos también relacionan la expresión de una cara humana con el tono de una voz. Otro trabajo de 2016 (Galvan y Vonk) observó que los gatos se comportan distinto cuando su dueño sonríe que cuando frunce el ceño, con más cercanía y más tiempo a su lado en el primer caso, aunque las diferencias eran más sutiles que en los perros.
Y está el famoso parpadeo lento. Un estudio de la Universidad de Sussex publicado en Scientific Reports en 2020 (Humphrey y colaboradores) mostró que si una persona le hace parpadeos lentos a un gato, el gato tiende a devolverlos y a acercarse más, incluso con personas desconocidas. Es una de las formas más simples que tenemos de «hablarles» en su idioma.
En qué se parece a como nos leemos entre personas
El paralelo con la comunicación humana es bastante literal. La oxitocina que sube cuando un perro te mira participa también en el vínculo entre una madre y su hijo y, en menor medida, en cualquier relación de confianza que se sostiene en el tiempo: el contacto visual, el tono de voz calmado, la cercanía física repetida.
También compartimos algo que en psicología se llama contagio emocional: la tendencia a «contagiarnos» el estado de ánimo de quien tenemos al lado, sin pensarlo. Un estudio de 2012 (Custance y Mayer, Animal Cognition) observó que los perros se acercaban más a una persona que fingía llorar que a una que tarareaba, y que lo hacían de forma sumisa, como buscando consolar.
Para ordenar lo que sabemos, sirve compararlo con lo que hacemos nosotros:
| Entre personas | Perro con persona | Gato con persona | |
|---|---|---|---|
| Lee la cara | Sí, con mucho detalle | Sí, distingue alegría de enojo | Sí, de forma más sutil |
| Lee el tono de voz | Sí | Sí, con zonas cerebrales sensibles a la voz | Sí, y lo une con la cara |
| Lee el olor | Muy poco | Sí, distingue el olor del estrés | Probable, menos estudiado |
| Entiende el porqué | Sí, puede preguntar y razonar | No hay evidencia de que lo entienda | No hay evidencia de que lo entienda |
Lo que la ciencia todavía no puede afirmar
Que un perro detecte que estás triste no quiere decir que entienda por qué. Los investigadores son cuidadosos con esto: buena parte de lo que vemos puede explicarse por contagio emocional y aprendizaje, sin necesidad de que el animal se ponga en tu lugar como lo haría otra persona.
Tampoco hay que pasar al otro extremo y decir que «solo es condicionamiento». Lo más honesto es reconocer que los animales que conviven con nosotros son muy buenos leyendo nuestras señales, y que todavía se discute cuánto de eso implica una comprensión de lo que nos pasa por dentro.
Qué significa esto para ti y tu mascota
Si tu mascota lee tu estado emocional, también le afecta. Hay estudios que relacionan el nivel de estrés de los dueños con el de sus perros a lo largo del tiempo. Cuidar tu salud mental también es cuidar la de quien vive contigo, tenga dos piernas o cuatro patas.
Al mismo tiempo, esto explica por qué la presencia de un animal puede ayudar a regular a alguien en un momento de angustia. No reemplaza el vínculo con otras personas ni un tratamiento, pero activa un circuito de calma que compartimos con muy pocas especies.
Cuando ese vínculo cumple un rol importante en el tratamiento de una persona, puede respaldarse con una evaluación clínica. Si te interesa entender cuándo corresponde, revisa qué es un animal de apoyo emocional y qué certificado lo respalda en Chile, o conoce nuestro certificado psicológico de mascota de apoyo emocional, que siempre se emite después de una evaluación real.
Fuentes consultadas
- Nagasawa et al. (2015). Oxytocin-gaze positive loop and the coevolution of human-dog bonds. Science
- Kaminski et al. (2019). Evolution of facial muscle anatomy in dogs. PNAS
- Müller et al. (2015). Dogs can discriminate emotional expressions of human faces. Current Biology
- Andics et al. (2014). Voice-sensitive regions in the dog and human brain. Current Biology
- Albuquerque et al. (2016). Dogs recognize dog and human emotions. Biology Letters
- Wilson et al. (2022). Dogs can discriminate between human baseline and psychological stress condition odours. PLOS ONE
- Humphrey et al. (2020). The role of cat eye narrowing movements in cat-human communication. Scientific Reports
- Custance y Mayer (2012). Empathic-like responding by domestic dogs to distress in humans. Animal Cognition

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