Mejor Niñez, cuatro años después: qué cambió y qué sigue sin resolverse

Cuatro años sin el Sename
El Sename dejó de existir y fue reemplazado por dos servicios distintos: el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, conocido como Mejor Niñez, y el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil.
La Defensoría de la Niñez ha descrito ese cierre como un punto de partida más que como un final, dejando claro que el cambio de nombre e institucionalidad no resuelve por sí solo los problemas que arrastraba el sistema anterior.
La promesa con la que nació
Al presentar Mejor Niñez, la autoridad de turno lo describió como un gran paso adelante, aclarando al mismo tiempo que la tarea de construir un país que cuide mejor a sus niños continuaría más allá de ese anuncio, y que ojalá trascendiera a los gobiernos de turno.
Esa frase, pensada como un llamado a la continuidad, terminó siendo también una advertencia sobre lo difícil que sería sostener los avances en el tiempo, sin importar quién estuviera a cargo del país.
Los avances que sí se pueden mostrar
Entre los logros reconocidos está una mayor visibilidad política de la infancia y nuevas exigencias de estándares para toda la red de protección, no solo para el servicio estatal.
El sistema SINAREC, orientado a fortalecer la rendición de cuentas de los organismos que trabajan con niños, alcanzará cobertura total en julio de 2026, lo que apunta a mayor control sobre cómo se usan los recursos destinados a la infancia.
La crisis que el propio servicio reconoce
El propio director de Mejor Niñez ha hablado de una crisis silenciosa en la niñez del país, y ha reconocido que varios supuestos sobre los que se diseñó el nuevo servicio no se cumplieron en la práctica.
Que un servicio estatal reconozca sus propios problemas en público es, en sí mismo, una señal distinta a la que dio el Sename durante buena parte de su historia.
Las cifras detrás del colapso
Las derivaciones de menores de un año se quintuplicaron, pasando de 30 casos mensuales en 2021 a 150 en abril de 2025.
Hoy existen residencias con sobrecupo, listas de espera, y casos de niños con y sin antecedentes policiales conviviendo en un mismo espacio, además de residencias que han debido cerrar o que están en proceso de cierre.
Lo que viene con el cambio de gobierno
El gobierno que asuma en marzo de 2026 no va a recibir un sistema recién estrenado, sino uno en tránsito, con avances reales pero también con una crisis de confianza que no se puede minimizar.
La pregunta que queda abierta es si esa autocrítica pública que hoy hace el propio servicio va a traducirse en cambios concretos para los niños que dependen de este sistema, o si va a quedar como otro diagnóstico más sin seguimiento.

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