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Explorando los trastornos sexuales desde la curiosidad y la comprensión personal

Hola, soy una persona muy curiosa por naturaleza y me interesa entender en profundidad cómo nuestra mente influye en distintos aspectos de la experiencia humana. Últimamente he estado leyendo sobre los trastornos sexuales y me surgieron muchas preguntas que me gustaría explorar con profesionales.

Por ejemplo, ¿cómo distinguir si una dificultad sexual es parte de un trastorno o simplemente una etapa pasajera por estrés, cansancio o dinámicas de pareja? ¿Qué tan comunes son los trastornos como la anorgasmia o el deseo sexual hipoactivo en personas jóvenes que no han tenido traumas sexuales evidentes? ¿Puede una educación sexual limitada o muy conservadora en la infancia y adolescencia ser el origen de algún tipo de disfunción en la adultez?

También me genera mucha curiosidad entender cómo se produce psicológicamente el desinterés persistente en el sexo, incluso cuando hay amor de pareja. ¿Es signo de algo más profundo como depresión no diagnosticada o puede ser una expresión natural del individuo?

Una vez escuché a alguien decir que ciertos trastornos sexuales se pueden «aprender» por experiencias negativas o vergonzosas repetidas… ¿Qué tan cierto es eso? ¿Se puede ‘reentrenar’ la mente y el cuerpo con terapia o con experiencias nuevas y sanas?

Todas estas preguntas nacen más desde un ánimo de entendimiento que desde una situación personal urgente, aunque como ser humano creo que todos tenemos algún grado de roce con estos temas en determinadas etapas y me gustaría estar mejor informado.

Agradezco mucho cualquier orientación que puedan ofrecer, ejemplos que ayuden a ilustrar los trastornos y cómo se trabajan, o incluso recomendaciones para seguir leyendo.

Un abrazo desde Chile.

✅ Mejor respuesta
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Hola, muchas gracias por compartir tus preguntas con tanta apertura y curiosidad. Es muy valioso cuando alguien se interesa genuinamente en comprender el mundo interno y cómo influye en nuestra sexualidad, que también es una forma de salud. La diferencia entre una dificultad sexual pasajera y un trastorno como tal muchas veces está en la duración, la intensidad del malestar que genera y cómo interfiere en la vida cotidiana o en la relación de pareja. Por ejemplo, no tener deseo sexual durante una época de mucho estrés puede ser completamente normal, pero si ese desinterés se mantiene en el tiempo y produce sufrimiento, podría ser señal de algo más profundo que merece atención profesional.

Trastornos como el deseo sexual hipoactivo o la anorgasmia pueden estar presentes incluso en personas jóvenes y sin experiencias traumáticas, y sí, la educación sexual que recibimos, especialmente si fue muy restrictiva o basada en la culpa, puede influir en cómo vivimos el placer, el deseo y la conexión íntima. Muchas veces esos bloqueos emocionales no son conscientes hasta que empezamos a explorarlos. También es cierto que experiencias negativas o vergonzosas repetidas al inicio de la vida sexual pueden dejar huellas: nuestro cuerpo y mente aprenden asociando, y en ese caso pueden empezar a vincular el sexo con ansiedad o incomodidad. Afortunadamente, con terapia se puede ‘reentrenar’ esa asociación, construyendo experiencias nuevas que aporten confianza, seguridad y disfrute.

Te felicito por tomar esta exploración como parte de tu crecimiento personal, sin necesidad de que exista una urgencia. Estar bien informado en estos temas no solo te puede ayudar a ti, sino a muchas personas que te rodean. Si quieres seguir leyendo, te recomiendo buscar autores que aborden la sexualidad desde la psicología basada en evidencia y con enfoque integral, como Esther Perel o Brene Brown, entre otros. Un abrazo cálido desde Chile también para ti.

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