La indiferencia puede confundirse fácilmente con calma, pero en realidad suele ser otra cosa: una desconexión, muchas veces protectora, frente a algo que en el fondo sí importa, pero que resulta demasiado intenso o doloroso para sentirlo de lleno.
A veces la indiferencia es genuina, frente a algo que realmente no te afecta. Pero cuando aparece frente a situaciones que antes sí te movían, o que objetivamente deberían generarte alguna reacción, suele ser una señal de saturación emocional, como si la mente hubiera bajado el volumen general para protegerte de sentir demasiado.
En el cuerpo se nota como una especie de vacío, ausencia de reacción, energía baja. El pensamiento asociado suele ser mínimo, casi un «no me importa» que a veces se repite para convencerse a uno mismo.
Vale la pena preguntarse, cuando notas indiferencia frente a algo que antes te importaba, si realmente dejó de importarte, o si es más fácil no sentir nada que enfrentar lo que hay detrás. No se trata de forzarte a sentir, sino de estar atento a si esta desconexión se está volviendo la forma habitual de evitar el malestar.




