Regulación emocional en terapia

Regular una emoción no es apagarla ni dejarla actuar sin control: es ajustar el volumen para tener margen de decidir qué hacer con ella.

Portada del audio

Audio Guiado

0:00--:--

Regular una emoción no significa apagarla, y tampoco significa dejarla actuar sin ningún control. Es algo más parecido a ajustar el volumen: bajarlo cuando es demasiado alto para pensar con claridad, o subirlo cuando te has desconectado tanto de lo que sientes que ya no sabes qué necesitas.

En terapia, la regulación emocional suele trabajarse en varios niveles a la vez. El primero es identificar: ponerle nombre a lo que sientes, porque una emoción sin nombre es mucho más difícil de manejar. El segundo es entender el pensamiento que la está alimentando, ya que muchas veces no es la situación la que te desborda, sino la interpretación que haces de ella. El tercero es el cuerpo: aprender a reconocer las señales físicas antes de que la emoción se dispare del todo, porque ahí todavía tienes margen para intervenir.

También se trabaja con técnicas concretas: la respiración, que actúa directamente sobre el sistema nervioso; la relajación muscular, que baja la tensión acumulada; y la exposición gradual, para las emociones que evitas tanto que terminan creciendo. Ninguna de estas técnicas busca que dejes de sentir. Buscan que tengas más margen de maniobra entre lo que sientes y lo que haces.

Hay una idea que se repite mucho en este enfoque: no puedes controlar directamente que aparezca una emoción, pero sí puedes influir bastante en cómo la interpretas, cómo la expresas y qué haces con ella después. Ese es, en el fondo, el objetivo de todo este trabajo: que la emoción tenga espacio para existir, sin que termine tomando todas las decisiones por ti.

Reproduciendo
Portada del audio

Regulación emocional en terapia

0:00--:--
0
Bot

Asistente API

Soporte en línea