Hola, equipo. Quisiera consultar sobre una situación que he estado atravesando, y que creo se relaciona con cuadros de burnout, aunque no estoy seguro si lo que experimento cae estrictamente en ese diagnóstico clínico. Trabajo en un entorno altamente demandante a nivel cognitivo y emocional (investigación académica y consultoría estratégica), donde el ritmo constante de entregables y deadlines construye una narrativa de productividad perpetua. Me doy cuenta de que incluso cuando no tengo una carga laboral formal elevada, mi mente sigue atrapada en dinámicas rumiativas sobre el trabajo. Me despierto con la sensación de que estoy rezagado, incapaz de desconectarme aun en momentos de ocio, y fluctúo entre hiperproductividad y estados de nula motivación, casi como una parálisis ejecutiva. He empezado a notar signos clásicos de burnout (agotamiento emocional, cinismo, disminución de la eficacia), pero me interesa ir más allá del reconocimiento de síntomas y entender el sustrato psicológico que puede estar potenciando esta dinámica.
¿Existe una concepción más matizada del burnout en profesionales del conocimiento que disocian su identidad del trabajo, pero que igual se ven atrapados en ciclos autovalidantes de rendimiento? ¿Qué papel juegan rasgos como el perfeccionismo, la autoexigencia y la ausencia de regulación emocional somática en estos cuadros? ¿Y hasta qué punto es útil intervenir desde protocolos clásicos (mindfulness, terapia cognitivo-conductual), o se requiere de abordajes más somáticos o integrativos para reincorporar seguridad psicológica y sentido en la praxis diaria?
Agradezco mucho sus respuestas, porque siento que, como muchos otros, estoy en una frontera donde el rendimiento sostenido se percibe como virtud, pero está erosionando partes fundamentales de mi bienestar.






