Hola, les escribo desde Santiago y quiero compartir una inquietud que me ronda desde hace un tiempo, luego de haber pasado por un par de procesos de pérdida importantes (la muerte de una amiga cercana hace dos años y, más recientemente, la de mi abuela con quien tenía un vínculo de apego muy fuerte).
He notado que, a pesar del paso del tiempo, ciertas emociones ligadas al duelo siguen presentes con intensidad. No se trata de una tristeza crónica ni de una depresión mayor, sino más bien de una activación emocional que se dispara en momentos muy específicos: ciertos olores, fechas, lugares. He intentado aplicar estrategias de autorregulación emocional (mindfulness, exposición simbólica, escritura expresiva), pero siento que el procesamiento queda en el plano cognitivo sin alcanzar una integración más visceral.
Entonces, mis preguntas serían las siguientes: ¿en qué punto el duelo deja de ser funcional y empieza a ser considerado un trastorno prolongado? ¿Existen marcadores psicológicos o fisiológicos que puedan diferenciar un duelo normativo de uno complicado sin caer en la patologización excesiva?
Además, me interesaría saber su opinión sobre el uso de abordajes más experienciales como la terapia enfocada en la emoción (EFT), o incluso herramientas como EMDR o psicodélicos en contexto clínico, para trabajar con duelos no resueltos. ¿Tienen evidencia robusta? ¿Son apropiados o recomendables en marcos personalizados?
Agradezco su tiempo y la posibilidad de compartir estas reflexiones. Un saludo afectuoso desde Chile.



