Lamento mucho que estés viviendo una situación tan difícil en tu hogar. Cuando las discusiones se vuelven parte del día a día, es natural que sientas preocupación por el bienestar de tu familia y el futuro de las relaciones que la componen. El conflicto constante genera mucho desgaste emocional, afecta la comunicación y puede alejar a los miembros de la familia si no se aborda a tiempo.
Puede ayudarte comenzar observando cómo están comunicándose entre ustedes: a veces, sin querer, nos expresamos desde la rabia o la frustración, y eso provoca que la otra persona reaccione a la defensiva. Tratar de tener conversaciones en momentos de calma, usando un tono tranquilo y expresando lo que sientes en primera persona (por ejemplo, «me siento angustiado cuando discutimos») puede abrir espacios de diálogo más saludables. También es importante reconocer qué temas se repiten en los conflictos, y pensar si hay formas más constructivas de enfrentarlos.
Buscar apoyo profesional como una terapia familiar puede ser una herramienta muy efectiva. Un psicólogo o terapeuta puede ayudarles a todos a encontrar formas nuevas de comunicarse, resolver diferencias y reconstruir la confianza. No estás solo en esto, y pedir ayuda es un paso valiente que puede hacer una gran diferencia para tu familia.