Hola y gracias por compartir lo que estás viviendo. Lo primero que quiero decirte es que es completamente natural que te sientas confundido o preocupado cuando ves cambiar a tu hijo y sientes que se aleja emocionalmente. La adolescencia es una etapa donde los jóvenes comienzan a buscar su identidad y autonomía, y a veces eso se traduce en un aparente distanciamiento con los padres, pero no significa que ya no te necesite. De hecho, sigue necesitando tu apoyo, aunque lo exprese de formas distintas.
Es muy valioso que te estés preguntando cómo acompañarlo sin invadirlo. A veces, las señales de que un adolescente necesita ayuda no son muy obvias: pueden estar más irritables, cambiar sus hábitos de sueño o alimentación, perder interés en cosas que antes disfrutaban o simplemente encerrarse más en sí mismos. Más allá de hacer preguntas directas, podrías intentar compartir momentos cotidianos sin forzar conversaciones, como ver juntos una película o prepararle algo que le guste. Es en esos instantes de “no presión” donde a veces se abre una puerta a la conversación. Respetar sus silencios también puede ser una forma de decirle: “Estoy aquí cuando quieras hablar”.
Desde la psicología entendemos que este alejamiento tiene una función evolutiva muy natural: el adolescente está practicando cómo ser una persona autónoma. Es como si estuviera limpiando un lente con el que empieza a mirar el mundo desde su propia perspectiva, y eso incluye tomar distancia para observar también a sus padres. Puede ser incómodo, pero no es malo. Lo principal es que tú estés disponible emocionalmente, con curiosidad y sin juicio. A veces basta con decirle, con honestidad: “Sé que no estás con ganas de hablar, pero quiero que sepas que si algún día necesitas algo, aquí estoy”. Eso, aunque parezca pequeño, puede ser un gesto muy poderoso. Mucho ánimo, estás haciendo una gran diferencia solo con tu intención de comprender y estar presente.