Hola, gracias por compartir tu experiencia de forma tan abierta. Lo que describes es mucho más común de lo que crees, y no estás solo en esto. La dificultad para tomar decisiones, incluso las más pequeñas, puede estar relacionada con varios factores como la ansiedad, el perfeccionismo o incluso ciertas maneras de procesar la información que no se ajustan al modelo más lineal que a veces se da por sentado. Si sientes que tu mente da vueltas, se enreda, vuelve sobre lo mismo una y otra vez, puede que estés experimentando lo que se llama pensamiento rumiativo o en bucle, que aparece frecuentemente con la ansiedad o en personas que tienen una mente muy activa y creativa, a veces asociada también a formas de neurodivergencia.
Sentir una «cruda emocional» después de tomar decisiones también puede ser señal de lo exigente que estás siendo contigo, como si después de elegir algo, viniera una oleada de autocrítica o duda que no te deja en paz. Este tipo de sensación muchas personas la atribuyen a una especie de cansancio emocional porque tomar decisiones constantemente con tanto peso es desgastante. Es importante empezar a notar cómo estas decisiones te están pesando, no porque sean en sí mismas complejas, sino por el nivel de presión interna que estás manejando.
Existen estrategias que pueden ayudarte, incluso si tu forma de pensar no es lineal. A veces se trata de encontrar maneras más visuales o creativas de ordenar las opciones, darte permiso para equivocarte y reducir la cantidad de decisiones que tomas al día, especialmente las menores. También puede servir mucho conversar estas dinámicas en espacios terapéuticos, donde puedes mirarlas desde una perspectiva más compasiva y aprender a confiar más en tus elecciones. Lo bonito de todo esto es que entenderte mejor es el primer paso para cuidarte diferente. Ánimo, estás en el camino correcto al buscar respuestas y explorar tu mundo interno con tanta honestidad.

